Sociedad

La evidencia científica defiende el Etiquetado Frontal ante la embestida legislativa y lobista

Una nueva arremetida contra la Ley de Etiquetado Frontal sacude el ámbito político argentino. Sectores libertarios y macristas, aliados al gobierno de Javier Milei, buscan derogar la normativa, en una movida que replica el manual de operaciones del lobby de las grandes multinacionales de la alimentación.

En el Congreso de la Nación, dos proyectos de ley impulsan la eliminación de esta legislación clave para la salud pública. Uno de ellos, en el Senado, cuenta con la firma del propio Presidente Milei y el exjefe de Gabinete Manuel Adorni. En la Cámara de Diputados, las propuestas son encabezadas por Alejandro Bongiovanni de La Libertad Avanza y Daiana Fernández Molero del PRO.

Los fundamentos de estas iniciativas legislativas retoman argumentos conocidos, directamente asociados a la estrategia comunicacional de la industria alimentaria. Sin embargo, diversos estudios y relevamientos científicos desvirtúan estos planteos con datos contundentes sobre la efectividad y la comprensión de los sellos de advertencia.

El portal especializado Chequeado, junto a instituciones como el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), el Ministerio de Salud de la Nación, la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) y UNICEF, así como la Universidad de Buenos Aires (UBA), han documentado el impacto positivo de la ley. Natalia Elorriaga, investigadora del IECS, subraya que «los resultados de los sellos son consistentes: son comprendidos rápida y fácilmente por la mayoría de la población, incluso por personas con menor nivel educativo o menos conocimiento nutricional».

Un estudio del Ministerio de Salud de 2023 reveló que el 90% de los argentinos está de acuerdo o muy de acuerdo con la presencia de los sellos. Asimismo, el 83% considera que facilitan la identificación de productos saludables y el 89% afirma que les permiten tomar decisiones informadas al momento de comprar y consumir alimentos.

En la misma línea, un informe conjunto de FIC y UNICEF publicado en junio de 2024 observó una disminución significativa en la intención de compra de productos con sellos y una reducción en la percepción de su salubridad tras la implementación de la ley. Además, el 90% de los encuestados manifestó estar de acuerdo o muy de acuerdo en que los sellos ayudan a identificar productos poco saludables, siendo el «exceso en azúcares» el sello con mayor influencia.

Un relevamiento del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social de la UBA complementa esta evidencia, indicando que el 97% de los consultados nota los octógonos negros en los envases, y un 94.5% comprende su significado. Lo más relevante es que un 79% de la población modificó sus hábitos de compra a raíz de esta nueva forma de etiquetado, un dato que «muestra cómo se logró modificar de manera positiva el comportamiento de 4 de cada 5 consumidores», según el informe universitario.

Estos hallazgos desestiman el relato empresarial y político que busca desmantelar la Ley de Etiquetado Frontal, reafirmando su rol crucial en la promoción de hábitos alimenticios más saludables y la protección del derecho a la información de los consumidores en Argentina.