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Bolivia sin La Paz: La fallida gestión de la derecha sumerge al país en una asfixiante crisis social

La insistencia en aplicar recetas de corte neoliberal y una evidente incapacidad para resolver las demandas populares han llevado al gobierno derechista de Rodrigo Paz a enfrentar su peor momento político. Tras más de tres semanas de protestas ininterrumpidas, miles de manifestantes pertenecientes a la Central Obrera Boliviana y a sectores campesinos afines al expresidente Evo Morales exigen la dimisión del jefe de Estado, en un rechazo absoluto a la inflación y a las reformas de privatización y flexibilización laboral impulsadas desde el Ejecutivo.

La parálisis es casi total. Cerca de cincuenta puntos de bloqueo asfixian las rutas de siete de los nueve departamentos del país, aislando a ciudades clave como Cochabamba, Santa Cruz, El Alto y la propia sede gubernamental. El transporte pesado permanece varado, provocando un desabastecimiento crítico de combustibles y de insumos médicos de urgencia, como el oxígeno hospitalario, lo que ha puesto en jaque el sistema sanitario. Ante el colapso, los sectores empresariales exigen soluciones inmediatas a una administración que parece haber perdido el control de la situación.

En un intento desesperado por frenar el descontento y maquillar la crisis de su gestión, el presidente Paz anunció una reestructuración de su gabinete ministerial para mostrar una supuesta apertura al diálogo, aunque descartó renunciar a su cargo. El primer cambio en esta debilitada estructura fue la salida de Edgar Morales del Ministerio de Trabajo, quien fue sustituido por el abogado Williams Bascopé. Sin embargo, para la ciudadanía movilizada, estas medidas resultan insuficientes para corregir el rumbo de un modelo económico que solo ha generado exclusión y caos social.