Crece el trueque en barrios golpeados por la crisis y se consolida como alternativa para conseguir alimentos
En medio del deterioro económico y la pérdida de poder adquisitivo, el trueque volvió a expandirse en distintos barrios como una estrategia de supervivencia para miles de familias que buscan garantizar el acceso a bienes básicos, especialmente alimentos.
La modalidad, que tuvo su auge durante la crisis de 2001, reaparece con fuerza en zonas vulnerables donde el dinero no alcanza o directamente escasea. En plazas, clubes y espacios comunitarios, vecinos organizan ferias donde intercambian ropa, productos caseros, artículos del hogar e incluso servicios sin necesidad de utilizar efectivo.
El fenómeno muestra un cambio en la dinámica social: ya no se trata solo de desprenderse de objetos en desuso, sino de cubrir necesidades esenciales del día a día. En muchos casos, los intercambios incluyen alimentos, lo que refleja el nivel de urgencia que atraviesan numerosos hogares.
Además, estas redes de intercambio suelen estar sostenidas por la organización comunitaria. Grupos de vecinos coordinan encuentros periódicos y establecen reglas para facilitar los canjes, generando una economía paralela basada en la colaboración y la ayuda mutua.
La expansión del trueque también evidencia el impacto de la crisis en sectores cada vez más amplios. En algunos barrios, la participación crece semana a semana, con familias que encuentran en este sistema una forma de afrontar la falta de ingresos o el encarecimiento del costo de vida.
Especialistas señalan que este tipo de prácticas resurgen en contextos de crisis profundas, cuando el mercado formal deja de cubrir las necesidades básicas. En ese sentido, el trueque no solo aparece como una alternativa económica, sino también como una herramienta de contención social frente a la incertidumbre.

